El pasado 26 de junio, el propio Centro de Dirección del Gobierno en Cuba admitió nuevamente su fracaso en garantizar el suministro de diésel, esencial para generar electricidad en el país. En una nota oficial, reconocen que la escasez se prolongará al menos hasta el 1 de julio, afectando especialmente a la zona occidental.

¿Pero qué significa esto en la vida diaria del pueblo cubano?
Más de 10 horas sin electricidad al día.
Familias enteras viven en la oscuridad, soportando el calor sofocante del verano sin ventiladores ni refrigeración. Los alimentos, que muchas veces llegan con gran sacrificio desde el exterior, se echan a perder por no tener corriente. En un país donde ya casi nadie puede comprar carne, leche o pollo, perder lo poco que se tiene por culpa de apagones es un castigo cruel e inhumano.
La dictadura no solo ha demostrado ser incapaz de producir, importar o distribuir combustible de manera eficiente. También ha demostrado su desprecio por las necesidades más básicas de su gente. La electricidad no es un lujo. Es una necesidad. Es dignidad. Es salud. Es vida.
Mientras ellos aseguran “rovolución” y “resistencia”, el pueblo solo encuentra apagones, hambre y abandono.

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