La dolarización está creando dos Cubas: la de quienes reciben remesas y la de quienes sobreviven únicamente con un salario en pesos.

Hay una pregunta que cada vez más cubanos se hacen cuando salen a comprar.
¿Estamos viviendo en Cuba… o en Miami?
No porque las calles hayan cambiado.Ni porque los salarios hayan aumentado.Todo lo contrario.Porque trabajas un mes entero.Cobras en pesos cubanos.Pero cuando llegas a una tienda descubres que el helado está en dólares.El aceite está en dólares.El pollo está en dólares.Los productos de higiene están en dólares.Y en muchos lugares, hasta los cilindros de gas solo pueden comprarse en dólares.Entonces aparece una pregunta que duele.
¿Para quién alcanza realmente el salario que paga el Estado?
Una economía para unos… y otra para el resto
Cada vez resulta más evidente que existen dos realidades diferentes. La de quienes tienen acceso a dólares. Y la de quienes dependen únicamente de un salario en moneda nacional. La ayuda que llega desde Estados Unidos, España o cualquier otro país dejó hace tiempo de ser un simple apoyo familiar. Para miles de hogares se ha convertido en la diferencia entre poder comer o no. Entre comprar medicamentos o esperar. Entre llenar el refrigerador o dejarlo vacío. Y quienes no tienen un familiar en el extranjero sienten esa diferencia todos los días.
El rescate económico de millones de familias
Hay una reflexión que cada vez escuchamos con más frecuencia entre los cubanos.
Muchos sienten que viven una especie de secuestro económico.
No porque no puedan caminar por las calles.
Sino porque trabajan en una moneda que cada día compra menos, mientras una parte creciente de los productos básicos solo puede adquirirse en dólares.
Desde esa perspectiva, las remesas dejan de verse únicamente como una ayuda familiar.
Para muchas familias representan la posibilidad de sobrevivir.
Es como si el hijo que emigró, el hermano que vive en Miami o el familiar que logró salir del país terminara pagando, mes tras mes, el rescate económico de quienes permanecen en la isla.
Es una metáfora dura.
Pero refleja cómo muchas personas describen la dependencia que se ha creado alrededor de las divisas.
Los más olvidados
La dolarización no golpea a todos por igual.
Los más afectados son quienes menos posibilidades tienen de generar ingresos adicionales.
Los jubilados.
Los maestros.
Los trabajadores de la educación.
El personal de salud.
Miles de empleados estatales que durante años sostuvieron los servicios públicos del país.
Mientras los precios continúan aumentando y más establecimientos venden exclusivamente en dólares, sus salarios permanecen en pesos.
Y cada mes ese dinero alcanza para menos.
¿Quién puede vivir solo con pesos?
Quizás esa sea la pregunta que nadie quiere responder.
Porque cuando una persona trabaja ocho horas diarias, cumple con sus responsabilidades y aun así necesita que un familiar desde otro país le envíe dinero para comprar alimentos básicos, algo no está funcionando.
La moneda con la que se paga el trabajo debería servir para vivir.
No solo para sobrevivir.
No es solo economía. Es dignidad.
Este debate ya no trata únicamente del dólar.
Habla de oportunidades.
Habla de igualdad.
Habla de la posibilidad de que una persona pueda mantener a su familia con el fruto de su trabajo.
Cuando eso deja de ser posible, el problema deja de ser económico.
Se convierte en un problema social.
Y también humano.
Porque una sociedad donde millones de personas sienten que trabajar ya no basta termina perdiendo algo más valioso que el dinero.
Pierde la esperanza.
La pregunta queda sobre la mesa
Si el salario se paga en pesos…
Pero cada vez más productos solo pueden comprarse en dólares…
¿Qué futuro le espera a quien no tiene un familiar en el extranjero?
¿Y tú qué opinas?
¿Crees que la dolarización está creando una mayor desigualdad entre los cubanos?
¿O consideras que era una medida inevitable frente a la crisis económica?
Déjanos tu opinión en los comentarios.

Deja un comentario